El Valencia y su entorno es un territorio difícilmente comprensible desde otras latitudes. Un magma en el que todo se mezcla: lo bueno y lo no tan bueno, lo malo y lo peor, los egos y las trincheras, las opiniones vertidas desde el odio, desde las vísceras o desde el amor. Un revoltijo de contradicciones que conforma un neurótico fango donde se revuelcan las ilusiones rotas de tanta gente entregada a un sueño inalcanzable.

Es evidente que Meriton no ha sabido, todavía, leer las vicisitudes y recovecos de este lodazal. Con el nuevo capitán general del club, -el necesario Mateu Alemany-, no ocurre lo mismo, al menos por el momento. Sin embargo, un único directivo no puede ocuparse de todos los asuntos y Anil Murthy sigue teniendo algunas funciones, como podemos observar.

El próximo sábado el Valencia de Marcelino visita el Ciutat de València para disputar el que probablemente sea el derbi que se presenta más atractivo en mucho tiempo. Un duelo donde los dos equipos de la capital valenciana pretenden reafirmar el brillo de sendos inicios. Equipos parecidos en su esencia puramente deportiva: bloques compactos construidos de atrás hacia adelante, serios, rocosos e incómodos para cualquier rival. A imagen y semejanza de dos de los mejores entrenadores de la Liga hoy por hoy.

Es un duelo que llega, además, en un momento clave a nivel social. Con un Levante recogiendo los frutos de muchos años de buen trabajo por fidelizar su -cada vez menos- enclenque masa social y un Valencia resistiendo a duras penas los efectos de la devastadora gestión meritoniana. Es éste, así pues, el derbi que más merece esta denominación. El primer gol ha subido al marcador granota. Se lo ha metido en propia la entidad de la Avenida de Suecia con la pésima gestión de las entradas para su afición.

Equivoca el tiro el Valencia con la medida tomada tras la polémica suscitada por la insuficiencia de localidades para zona visitante ante la elevada demanda, que supera las expectativas. Lo dirige donde no debe, castigando a sus aficionados más fieles y previsores para acallar el griterío de los que hicieron cola en taquillas y observaron con estupor el berlanguiano espectáculo de los reventas acaparando la práctica totalidad de las entradas que salieron a la venta. Falla el Valencia desprotegiendo a los suyos y autolesionándose, enrareciendo el ambiente en la previa del derbi.

El error, la mala praxis y las carencias organizativas son del club, pero los que pagan el pato son los aficionados que habían reservado sus entradas con semanas de antelación. Son aquellos que siempre acompañaron al equipo en estas lides sin importar resultados o modas pasajeras. Los que no dejaron solo al Valencia cuando los vientos soplaban en contra. El club premia la fidelidad de estos militantes arrebatándoles sus entradas para ponerlas a la venta favoreciendo, no al socio fiel ni al irreductible, sino al que disponga de más tiempo libre.

Así actúa el club siempre que Alemany delega; así es el Valencia de Meriton. Lo rezaba aquella pancarta del viejo Gol Gran a principios de siglo: «Bienvenidos al fútbol moderno: cuentos chinos para mentes vacías». 

Disfruten lo apoyado. Por aquí algunos preferimos seguir siendo ese “error” al que hace referencia el triste comunicado del club.

Fotografía: Carla Cortés (Plaza Deportiva)

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