Si a lo emocionales y emocionantes que son siempre los Real Madrid-Valencia le sumamos que la plantilla de Marcelino sigue en constante cambio, el interés del partido se multiplicaba x2. El asturiano optó por la formación de siempre, pero con las piezas partiendo desde puntos distintos: la baja de Cancelo movió a Soler a la derecha, Lato-Gayà conformaron el carril izquierdo y Murillo-Kondogbia debutaron como titulares ante el -actual- mejor equipo del mundo. La situación de los jugadores mostró que la verticalidad iba a ser un axioma desde el minuto 1. Más aún de lo que ya es habitual, ya que es imposible tener la pelota un partido en el que tienes enfrente a Kroos, Modrić, Isco, Asensio (que lideró) y Kovačić -saliendo desde el banquillo-. Pero hay otras muchas vías para llegar al mismo objetivo. 

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Posición media de los jugadores del Valencia en el Bernabéu (APP: Sofascore)

El orden fue el de siempre, el que nos vamos a acostumbrar a ver. Kondogbia, contra algunos pronósticos, fue el pivote y liberó al resto del equipo. Ello no le privó de ser el segundo jugador del Valencia que más pases dio (39) justo por detrás de Parejo (48) con un 90% de acierto. Inició la jugada del 1-1 con un envío en largo para Gayà e hizo el 1-2 en una de las pocas veces en las que se desató la correa. Nos mostró su don de la omnipresencia y formó, junto a Rúben Vezo, la columna que sostuvo al equipo en el Bernabéu. El luso está dando la razón a sus acreedores y sorprendiendo a los escépticos. Ahora mismo es el central más regular de la plantilla. El sistema de Marcelino consigue que los ataques rivales pasen muchos filtros para llegar con lo justo hasta los centrales. Vezo ya no tiene que chocar (su gran defecto) tanto. Su rapidez, su intuición y su buena colocación están siendo cada vez más importantes. Otro ejemplo más de que el contexto lo es todo para el rendimiento de un jugador.

Carvajal apenas apareció gracias al doble lateral; Marcelo sí lo hizo, pero sus centros llegaban fáciles a las cabezas de los centrales. Sin CR ni Ramos, el Madrid perdió a sus dos mejores rematadores. Benzema perdonó demasiadas, al igual que Zaza. El partido se lo pudo llevar cualquiera. Y eso es un enorme elogio para un Valencia que no ha hecho más que empezar.

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