Su potencial fue muy alto; su rendimiento, notable. Llegó del Esporte Clube Vitória al Villarreal y, temporada y media después, Marcelino le convirtió en un defensor de 20 millones de euros. Ahí decidió continuar su carrera en Inglaterra, donde ser central es un deporte de riesgo y más aún si hablamos del Arsenal. Héctor Pérez (periodista especializado en liga inglesa), a quien he acudido para charlar sobre su rendimiento con Wenger, lo confirma: “Pasar del orden del que gozaba en España al caos del Arsenal y el estilo de la Premier League, posiblemente, fue demasiado para él“, me comenta. Hoy llega al Valencia, a cambio de 11 millones, motivado por el mismo entrenador que vio su pico más alto de forma. Y firma hasta 2022.

Gabriel Paulista vuelve a España y formará parte de un sistema que beneficia a cualquier central del mundo. Marcelino les arropa y mima como si de hijos sobreprotegidos se tratase: son la penúltima puerta antes de que el rival encuentre el gol. Por ello, el asturiano les pone hace la vida lo más fácil posible: pocas complicaciones con la pelota, dos laterales cuya primera misión es defender y una línea de cuatro hombres delante que, cuanto más cerca, mejor. “A su vez, la manera de defender del equipo hará que sus cualidades se vean resaltadas. Siendo un central rápido, con buen físico y correcto con el balón, puede adaptarse bien tanto a una defensa de bloque bajo donde se vea bien acompañado, como a aprobar en momentos donde se adelanten las líneas para presionar arriba“, comenta Héctor.

El brasileño es un central que destaca por su ímpetu, por su físico y por sus ayudas laterales. Es un corrector veloz y preciso que, al igual que Murillo, utiliza mucho el recurso del tackle. Sin embargo, sus mayores virtudes a veces pueden convertirse en sus peores defectos. “Seguramente, sus mayores errores en la Premier se daban cuando tenía que salir hacia la banda para cubrir a algún jugador. No obstante, éste es un caso muy particular porque Bellerín es un lateral muy ofensivo y en el marcaje no siempre tenía compañía”, explica. “Esto le llevaba a que, en la elección de meter el pie o aguantar al rival, a veces fuera un 50-50 en el acierto y el fallo. Pese a ello sus cualidades le permitían en ocasiones enmendar algún que otro error“, añade Héctor.

“Debe hacerse especial hincapié en su cobertura al lateral, en su caída a banda. La fiabilidad de Gabriel en esas lides condiciona su fútbol y el de sus equipos. Quizá sea exagerado compararlo con Pepe, pero hay que mencionarle porque, al igual que el crack del Madrid, ofrece a sus entrenadores darle al lateral de su flanco un rol defensivo más interior, menos pegado al costado, en ayuda de su centro del campo, algo muy preciado sobre todo para defender contraataques, cuando una presión inmediata de un lateral sobre un centrocampista rival puede retardar decisivamente el intento de transición rápida. Wenger podría hacerlo porque Gabriel le respondería saliendo a la cal. La sella. No sólo es difícil de rebasar, sino que no permite ni centros. Donde el 95% de los centrales se mueren, él crea una ventaja táctica. Tanto es así que Gabriel supone una alternativa competente hasta para jugar de lateral”. 

Abel Rojas sobre Gabriel (Ecos del Balón, 2015)

Sus excesos de confianza hacen que tenga lagunas tácticas puntuales que se convierten en oportunidades de gol para el rival. Vivirá siempre más cómodo con la linea a 15 metros del área, con espacio suficiente para rectificar. Ahí está su zona de confort, aunque puede adaptarse, en un momento dado, a vivir cerca del área grande. “En ocasiones, con el balón en los pies muestra ese exceso de confianza en el desplazamiento (sobre todo en pases cortos). También es un central que, aunque suele mantener la concentración, tiene que mejorar en la toma de decisiones, sobre todo cuando no dispone de las ayudas suficientes“, argumenta.

“Gabriel Paulista ha demostrado durante toda su carrera no arrugarse ante nada ni nadie. Diego Costa, Mandžukić o Barkley han sido algunos de los que le han sufrido. En la Premier además ha explotado, a pesar de no haber rendido en líneas generales, en su habilidad en el juego aéreo. Un coloso en el salto en estático y eficiente cuando tiene que perseguir la marca. Cualquier balón llovido del cielo llega a la cabeza de Paulista como si de un imán se tratara. Marcelino consigue así bajar el margen de error en las jugadas a balón parado y en los centros laterales, un plus para rearmar la seguridad defensiva”.

Pablo Leiva sobre Gabriel (Superdeporte, 2017)

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