Marcelino llegó, a ojos de la afición, como un mesías al que llevaban 2 años esperando. Tras la extraña trayectoria de Nuno, la pesadilla de Gary Neville, la broma pesada de Ayestarán, el espejismo de Prandelli y la divinidad del Dios Voro (quien, debido a su eterna misericordia, nos otorgó una vida más cuando todo parecía abocado al desastre), el asturiano entró en los vestuarios de Paterna vestido una larga túnica y luciendo una gran barba para echar a los infieles con un látigo de varias puntas. O al menos me gusta pensar, en los momentos en los que divago, que así ocurrió.

“Estando en Jerusalén en la fiesta de la pascua, muchos creyeron en su nombre, viendo las señales que hacía. Pero Jesús mismo no se fiaba de ellos, porque conocía a todos, y no tenía necesidad de que nadie le diese testimonio del hombre, pues Él sabía lo que había en el hombre“. 

Juan 2:23-25

Pero seguramente no fuese así, aunque en la rueda de prensa de su presentación ya avisó que iba a haber cambios, aun obviando el término “revolución”. Luego definió brevemente lo que buscaba: “Consideramos que el trabajo colectivo y la organización son bases en las que nos apoyamos siempre. Si encajamos 65 goles no podremos aspirar a los puestos altos de la tabla. Vamos a lograr, seguro, ser un equipo equilibrado. Y luego a nosotros en ataque nos gusta ser un equipo dinámico”, explicó el técnico. “La sensación que tengo es que tenemos bastante similitud con lo que al Valencia le ha ido históricamente (muy) bien“, remató. Y les ha bastado (a él y a sus ayudantes) la pretemporada para hacer un refugio con cuatro ramas, dos clips y un poco de cinta aislante. ¿Qué será capaz de construir con un equipo de arquitectos en condiciones?

La organización defensiva (¡orden en la sala!)

Marcelino ha impuesto, desde el primer día, su esquema predilecto para una buena ocupación de los espacios. Las dos líneas de cuatro jugadores ya son una constante en fase defensiva y eso ha ayudado al equipo a ordenarse; arriba, la presión debe ser inteligente y continua. En principio, el bloque se mantiene bajo y la posesión es secundaria, lo que le da al equipo rival la sensación de dominio (pero no). El bloque se mantiene bajo pero, si hay posibilidad, el equipo no duda en ir a presionar arriba de forma paulatina para ahogar la salida de balón, empezando los dos puntas dicha presión. Hay momentos -sin balón- para ambas situaciones.

Sin embargo, esto no se sostiene sin dos conceptos básicos: el fondo físico y la solidaridad. Todos defienden en todo momento. El mayor problema que ha encontrado el Valencia en esta pretemporada ha sido no saber enfriar ciertos momentos en los que el rival ha transitado con facilidad. Las faltas tácticas ya son presente, pero se carece de un mediocentro defensivo (más o menos posicional) que corte el ritmo del contrario cuando sea necesario y dé el tan deseado equilibrio, pues si el plan A es vivir de las transiciones rápidas, una pérdida (o no acabar la jugada para volver al sitio) va a generar siempre un contraataque rival. En situaciones de juego posicional, el conjunto de Marcelino ya sabe defenderse con cierta solvencia. Los centrales solucionan con más simpleza las dificultades que les plantea el juego, tanto en defensa como en salida de balón, donde la implicación es mínima (balón largo o a la banda, habitualmente).

Fase ofensiva: ataque relámpago y dinamismo

Por lo visto en estos amistosos, Marcelino no quiere entretenerse mucho en el centro del campo; prefiere llegar cuanto antes al área rival. Por ello, va a ser muy frecuente -además de no tener unos altos porcentajes de posesión- el juego vertical e incluso directo en algunos tramos. En el centro del campo, Parejo va a tener el liderazgo total del equipo. Tiene la máxima confianza del entrenador y, si alcanza la regularidad, “es diferencial” (dicho por él). Será la brújula y el metrónomo, pero no se le ha visto demasiado en zonas netamente ofensivas, sino que su zona ha sido el círculo central. Sin una pareja de corte más defensiva, al mediocentro creativo de turno le costará más soltarse.

Pero el peso del ataque lo van a tener sobre todo los volantes. La formación, en esta fase, pasa a ser una especie de 4-2-2-2 con los hombres de de banda algo metidos unos metros hacia adentro. Partiendo de esa base, cada costado tiene su función. Por lo visto hasta ahora, la derecha va a servir para ampliar el campo y para lograr profundidad con alguien a pierna natural (Nando, por ejemplo, ha rendido muy bien). Desborde y centro al área. Por el contrario, la izquierda parece que servirá para buscar, descaradamente, superioridad por el centro. Bakkali al principio, Nacho Gil y Carlos Soler son los que han actuado ahí, a pierna cambiada. Por tanto, el lateral izquierdo tendrá algo más de peso ofensivo al tener el carril más libre (Montoya no ha estado especialmente presente en el ataque).

Por último, la pareja de atacantes ha sido siempre complementaria: uno actuaba como punta de lanza y otro como segundo delantero (Rafa Mir) o mediapunta (Rodrigo). ¿La diferencia? El canterano tiene mucha menos creatividad, ha cargado más el área y ha estado más cerca de Zaza que el hispano-brasileño, quien ha tenido mucho más contacto con los centrocampistas. Rodrigo ha sido el eje vertebrador del ataque cuando ha jugado gracias a su -¿sorprendente?- juego de espaldas, sus controles orientados y sus giros. Ha dado muchas ventajas en esas situaciones al poner a su equipo de cara y ha sido, en general, uno de los mejores jugadores de la pretemporada sin lucir en exceso. Será importante saber qué ocurrirá con Nani. Por su parte, el delantero centro fija, pelea y apoya de espaldas, aunque seguramente el rendimiento de Simone sea más que mejorable.

Edificio reformado; toca amueblar

Marcelino ya ha impuesto su idea y los jugadores la han aceptado y aprehendido rápido. Los conceptos generales están prácticamente asimilados y el equipo está preparado para competir. Ahora bien, una vez reformado el edificio, queda sustituir el mueble que te regaló la abuela (“lo iba a tirar, pero mejor quédatelo tú”), por la mesilla Tysedal de Ikea. Algo cómodo, práctico y novedoso. De todas formas, llegue lo que llegue, vivir en una casa con techo ya es más que lo del año pasado (el banco del parque) y eso es gracias a la venida de Marcelino. Que empiece ya la fiesta de inauguración.

Sin título

Suposición de la plantilla 17/18 del Valencia

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