Nacho Gil ha roto definitivamente el simbólico cascarón que etiqueta a los jóvenes como futbolistas poco hechos para la élite y lo está demostrando a lo grande: siendo el mejor jugador de un equipo que ha recorrido la mitad del camino para ascender a Segunda (cuando el primer objetivo era la salvación). Renovó recientemente hasta 2020 (junto a Nacho Vidal) y hará la pretemporada con el primer equipo teniendo amplias posibilidades de quedarse. Pudiendo afirmar esto con cierta rotundidad, se abren varios interrogantes a colación del contexto que va a tener el club este verano, pero se puede resumir en uno: ¿Va a formar parte o va a salir cedido? Para intentar prever la decisión, hay que plantear varios asuntos importantes que pueden afectar directamente a su futuro (ya que crecer en casa o hacerlo fuera tiene sus pros y sus contras; que se lo digan a Fede Cartabia). 

Todos partimos del supuesto probable de que Marcelino ponga en liza su predilecto 4-4-2 desde el primer minuto. Su estilo es orden y verticalidad. ¿Dónde puede caber un mediapunta que ansía libertad para poder desplegar su mejor fútbol? Nacho Gil puede jugar en las tres posiciones del centro del campo, por lo que es sencillo intuir que irá a una de las bandas, preferentemente la izquierda. Su tendencia interior, su calidad entre líneas y su electricidad puede acercarle al rol que tuvo Denis Suárez en el Villarreal del asturiano. No dejan de ser perfiles parecidos. Su evolución va in crescendo conforme más peso tiene arriba, conforme más balón amasa. ¿Podría adaptarse al rol de desborde y centro? Sí, por qué no, pero ese papel puede hacer que se estanque. Su mejor versión se acerca cuando se le asocian criterio y visión, no el 1 contra 1 (como si ocurrirá, a priori, con Sito o Ferran Torres, por ejemplo).

El problema de esto es que se sacrifica el potencial de un jugador joven para beneficiar al colectivo a corto plazo. La banda siempre limita. Una cosa es el rendimiento y otra el aprendizaje. Darle una banda a un creador por hacer, quieras que no, coarta. Denis jugó muy bien en Vila-real, pero ¿creció o “sólo” rindió muy bien? Nacho tiene una ventaja en este aspecto: sabe lo que es partir desde un costado y tiene más registros (que no más nivel -aún-). Su amplio abanico de recursos le permite ser imprevisible en la dirección del regate. Es un poco como el PSOE actual: puede empezar en la izquierda y engañar como un extremo, pero sus acciones demuestran que su sitio es el centro del tablero. Por suerte, en el fútbol ser un ‘falso lo-que-sea‘ no es malo (en política, en cambio, no lo yo tengo tan claro).

Teniendo en cuenta que Marcelino quiere una plantilla corta y que el Valencia no está en la mejor situación económica posible, Nacho Gil debería tener sitio más que de sobra, ya sea estirando desde la derecha o combinando desde la izquierda. Pero, ¿le conviene quedarse o buscar un equipo que le dé 30 partidos en Primera o Segunda? Sabiendo además que el entrenador no es el adalid de las rotaciones (tampoco hace falta con dos competiciones), el club deberá pensarlo seriamente. Un lugar, aunque pequeño, tendrá seguro.

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