Ha vuelto para quedarse y, por suerte, ha llegado el sitio perfecto para hacerlo. Se han encontrado por el camino un jugador y un club necesitados de cierto sentimiento de pertenencia y ambos han resultado ser dos piezas de un mismo puzle que parecen encajar juntas. El Valencia tenía un cuerpo que ofrecer y Simone un corazón que entregar. Londres y su carácter mediterráneo no terminaron de entenderse muy bien, tanto que acabó sumido en una profunda crisis personal y profesional. En una (recomendable) entrevista en El País así lo expresó: “Han sido los seis meses más feos de mi carrera y en ciertos aspectos también de mi vida. Antes de estos seis meses yo pensaba que era invencible. (…) Me he dado cuenta de que no era tan fuerte como pensaba y ahora que he asimilado el golpe, vuelvo a sentirme fuerte“. 

No se adaptó nunca al West Ham, ni a Inglaterra. “Gran parte de la culpa es mía. No fui capaz de hacerme a una ciudad como Londres. Creía que, futbolísticamente, la Premier me habría venido bien por mis características de juego y lo sigo pensando, pero cuando llegué allí me encontré con un ambiente que no entendía, no conseguía entrar en las dinámicas de trabajo: entrenamientos, alimentación, estilo de vida…”, asumió en la misma entrevista. “Hubo un momento en que me dije: ‘vale, me voy del West Ham seis meses después de haber llegado. Me voy sin estar bien físicamente y sin estar listo para jugar. ¿Y si las cosas en el Valencia no salen bien? ¿Qué hago? ¿Me tiro a las vías del tren?’. Es un miedo que me duró media tarde. Luego me dije: ‘Basta, quiero volver a ser el que era antes’. Llamé a mi padre y le dije que me iba al Valencia”.

Zaza es una versión mejorada y más pura de Mina y Rodrigo arriba. Los tres son buenos delanteros para iniciar la presión. Son trabajadores incansables. Pero entonces, ¿dónde está la diferencia? ¿Cómo saber si han tenido sentido los 18 millones gastados en él? Podemos comprobarla en las estadísticas de WhoScored: habiendo jugado una cantidad de minutos parecida, Zaza dispara a portería 3,1 veces por partido (frente a las 1,2 de Mina y 1,9 de Rodrigo), gana 3,1 duelos aéreos por encuentro (versus las 0,9 de Mina y las 1,3 de Rodrigo) y realiza 1,5 tackles por choque (ante los 1,3 de Mina y 0,8 de Rodrigo). Y hasta en lo relativamente negativo puede verse que el italiano es más delantero puro: es el que menos pases da por partido: 14,7 (por los 17,5 y 20,1 de sus compañeros) lo que significa, por ejemplo, que se aísla más y se centra más en el remate.

Voro, Soler y Zaza, claves en la mejora del Valencia

La mejoría del Valencia empezó con el nombramiento de Voro como entrenador hasta final de la presente temporada. Le siguió la confianza que le otorgó a Carlos Soler, sin experiencia, en el centro del campo y terminó con la llegada de Zaza. A su mayor intuición para el remate y a su presión inteligente, se sumó el aire fresco que trajo. Esa actitud misteriosa, casi chulesca pero a la vez sincera y noble, han cautivado a gran parte de la afición desde el primer minuto. El proceso de su fichaje fue un caos y aun así quiso enfundarse la elástica blanquinegra. Y eso es algo que Mestalla no olvidará en un tiempo, más ahora que sólo hay vacas flacas.

Da la sensación de que con Simone llegó la actitud. Ha contagiado a todo el mundo, ya sea por ser la novedad o por ser de esos futbolistas que, como mínimo, siempre se dejan el alma en el césped. Su utilidad, además, está siendo de gran ayuda para engrasar el sistema ofensivo: ya sea de espaldas o al espacio, en conducción o al remate, en largo o en corto, Zaza siempre ofrece un apoyo o una solución. Sin balón, es capaz de perseguir a un rival hasta la zona del lateral para robar. Ese esfuerzo extra y, a veces hasta innecesario, es también gasolina para el ánimo de la grada. Y eso, a su vez, retroalimenta al italiano.

¿Funcionaría mejor en un 4-4-2, con una pareja de baile al lado y bloque alto? Da la impresión de que ése sería su sistema ideal. La verticalidad que se presupone en dicha formación podría corresponderse a las características de los delanteros del Valencia, pero esta temporada aún no hemos podido ver algo parecido. Por ahora, Voro sabe que es una pieza que funciona bien y que va a ser importante de cara al futuro, tanto por su fútbol, como -sobre todo- por la aportación emocional que tiene y tendrá sobre una entidad cada vez más reconstruida, aunque a veces parezca lo contrario.

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