En circunstancias normales, no deberías estar leyendo este artículo ahora. La mayoría de casos -disculpen la generalización- de canteranos que irrumpen en el primer equipo suelen darse a cuentagotas, de forma progresiva y atendiendo a la quema de unas etapas determinadas. “Sin prisa pero sin pausa”, que se suele decir. Sin embargo, el Valencia está viviendo una temporada extraordinaria, en el más negativo sentido de la palabra; una campaña sólo comparable a la 85/86 donde el equipo terminó en Segunda División. En este contexto, no hay tiempo para presentaciones ni preliminares. Carlos Soler ha roto el cascarón porque era necesario en lo táctico y en lo emocional para el primer equipo. Además, sigue la línea sucesoria de los Bernat, Alba, Lato, Gayà, Isco, Alcácer, Robert Ibáñez, Fede Cartabia, etc., o mejor dicho: demuestra que las inferiores del club che siguen siendo prolíficas para fútbol de Primera.

El dilema de la posición: de pivote creativo a interior

Dicho todo esto, es evidente que ha necesitado su tiempo de adaptación al fútbol de élite, especialmente en lo referido a su posición. En el Valencia Mestalla (2ªB) se destapó como un jugador que partía desde la base, como un pivote único en un 4.3.3 de buena capacidad de decisión a la hora de repartir el juego y con un gran pie para el balón parado. Era el encargado de mover al equipo, en definitiva. La duda residía en saber si ese mismo rol, careciendo Soler de grandes aptitudes defensivas, iba a poder ser extrapolable dos divisiones más arriba, donde el ritmo de circulación y de presión es bastante más alto. Por eso mismo, cuando en la pretemporada de la temporada 16/17 empezó a aparecer en los entrenamientos del primer equipo, Pako Ayestarán tomó la decisión de situarle como interior para, entre otras cosas, reducirle las responsabilidades defensivas. Eso trajo otros problemas.

A Soler se le veía un único gran defecto para jugar en esa posición. Jugar de pivote facilita la función del organizador porque se recibe de cara y suele haber unos segundos para pensar. Por el contrario, son necesarias una inteligencia espacial mínima y una buena capacidad de pase para romper líneas de presión o hacerlo fácil, características que Carlos siempre ha tenido. El puesto de interior necesita de cosas que él no tenía por culpa de esa ligera rigidez que permite ser pivote. Y conforme el campo avanza hacia territorio rival, la intensidad del juego crece, como es normal. Ser interior requiere una agilidad mental para jugar a pocos toques y/o una agilidad física que te permita girarte para ser capaz de generar ventajas. Resumiendo: en 2ªB como pivote tenía un espacio y un tiempo que, en Primera y como interior, ya no están. Era obligatorio que ampliase su abanico de virtudes para rendir ahí.

Su primera gran noche (y las que quedan)

Hasta que él mismo lo diga, no sabremos quién tuvo la culpa de su rápida adaptación a donde sólo llegan unos pocos. Si Ayestarán empezó a incluirle en los planes del primer equipo, fue en el último partido de Prandelli donde dio su primera gran exhibición. Fue la vuelta de dieciseisavos ante el Leganés. Con la eliminatoria casi sentenciada en la ida (1-3), salió a media hora del final e hizo exactamente lo que se explica en párrafos anteriores: conducción, velocidad y potencia para generar el gol de Rodrigo (mirad el vídeo y entenderéis lo que digo). Fue ese tipo de cosas las que no era capaz de hacer y ahora parece que sí. Fue esa noche cuando empezamos a ver al Soler realmente capacitado para liderar a este equipo a corto-medio plazo.

Del chaval siempre se ha dicho, los que le conocen más, que tiene una cabeza muy bien amueblada y eso también es algo que se está demostrando sobre el césped. Se le puede definir como un chico que ha dado coherencia a un bloque desunido a base de sentido común. Tratándolo de encajar en el sistema actual, Voro lo ha puesto al lado de Enzo Pérez en fase defensiva, escalonándose unos metros cuando el equipo ataca. Siendo un perfil similar al de Parejo (un organizador que bien puede adaptarse a jugar en casi cualquier posición centrada del medio campo), tiene la chispa y la intensidad que le falta al de Coslada, por lo que aporta un equilibrio extra sobre todo en la presión tras pérdida y en las transiciones defensivas. Esto unido a su innegable talento en la toma de decisiones, a su creciente llegada al área y a todo lo que le queda por mejorar, hacen de Soler un jugador de futuro de muchos quilates para el mundo del fútbol y de presente para el Valencia y sus circunstancias.

Sólo queda ver el nivel de regularidad que es capaz de alcanzar. Aún quedan muchas preguntas, las obvias para un jugador de 20 años recién cumplidos, pero lo que es seguro es que su comprensión del juego es impropia a estas alturas de su carrera. Siempre sabe dónde estar y no suele fallar en el cómo ni en el cuándo. También supo estar delante de la puerta para tirarla abajo. Ahora (esperemos) sólo queda esperar y disfrutar.

Artículo publicado para Garrincha Magazine

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