João Cancelo es especial y eso se presume desde las primeras veces que uno le ve jugar. Es un tipo sorprendente al que no le importa levantar al público de sus asientos si las circunstancias le son favorables, pero esto es algo que aún no ve como una obligación. No parece tener mucha prisa por ser exactamente lo que empieza a esperarse de él. Será la juventud, la falta de ambición o incluso un puntito de altanería que puede desquiciar al respetable. Y esto ahora mismo le hace más estético que valioso como tal, y eso que destila calidad técnica a niveles casi insultantes. Si existiese una ONG para futbolistas necesitados de autosuficiencia, João podría donarla en cheques al portador con varios ceros y aún le sobraría para marcharse de su marca.

Llegó de la mano de Nuno tras haber pagado el Valencia un precio elevado por él al Benfica, y su primera gran actuación fue, como si la providencia interviniese de alguna forma para señalar a los elegidos, en uno de los partidos más importantes –emocionalmente hablando– para la provincia de Valencia: el derbi contra el Levante. Tras aquel show de gambetas, sprints, amagos e ilusionismo, empezó a florecer el debate: ¿Dónde debe jugar el, por entonces, lateral diestro luso? Muchas voces empezaron a reclamar su sitio como volante u extremo. Neville y Ayestarán le alternaron. Voro fue el primero que apostó por él de forma regular durante la pequeña transición que lideró hasta la llegada de Prandelli, quien posteriormente ha intentado potenciarle varias veces en puestos más adelantados. Y es que es ahí donde es diferente, eso nadie podrá quitárselo; la pregunta es qué le falta para ser diferencial.

Cancelo tiene una arrancada difícilmente defendible. Su superioridad en ese apartado está fuera de toda duda. Donde el resto ve un espacio entre dos rivales, él ve una oportunidad. Su potencia en distancias medias sumada a su precisión en el dribbling en carrera podría compararse a jugadores como Theo Hernández o a aquel Gareth Bale de Inglaterra. Siendo distintos y viviendo cada uno en su realidad futbolística, son jugadores reconocibles por ser casi imparables cuando se les deja acelerar. El portugués tiene, además, calidad en el centro –siempre preciso y habitualmente tenso–, habilidad suficiente como para marcharse en estático. Rara es la vez en la que no se va. Pero, ¿no echan en falta un aspecto clave para todo lateral? Efectivamente, no es que tenga carencias puntuales, sino que es el punto débil del equipo cuando ejerce en posiciones más retrasadas. Y no es un problema de gestión en las subidas, en lo que tampoco es especialmente brillante, sino del 1 contra 1 y del posicionamiento, donde en ocasiones deja un agujero sólo comparable a la fosa de las Marianas.

Esto nos deriva a otra cuestión. Suponiendo su salida del Valencia más pronto que tarde: ¿Tiene el nivel suficiente para ser el extremo de un equipo más grande? O visto de otra forma, ¿puede un equipo grande permitirse una tara defensiva tan grande en el puesto de lateral? Cancelo es un atacante imaginativo, pero de movimientos simples (el desborde y el centro es su movimiento predilecto). No se le ve interiorizar y no usa la zurda ni para subir al autobús, por lo que su juego combinativo –y sus posibilidades, en general– quedan reducidas notablemente. Apenas cede protagonismo al lateral y está muy alejado de aquello que hace grande a un jugador de sus características: las cifras. João es un jugador reactivo, no proactivo. Si el partido no transcurre por su lado, desconecta hasta apagarse.  Si por el contrario el equipo decide activarle dándole el balón (es la única forma; nunca tira un desmarque de ruptura), ni siquiera intenta ser resolutivo de cara a puerta. Su aportación, al final, sabe a poco para un futbolista capaz de condicionar planes de ataque.

Toda esta retahíla de ideas concluye con una última duda, algo general: ¿Qué puede llegar a ser João Cancelo? Pues depende de muchas cosas, claro. Lo que sí es casi seguro es que no explotará en un contexto como el que está encontrando en Valencia, ya que es un jugador que necesita nadar a favor de la corriente para aportar. Si todo evoluciona favorablemente para él, su camino se bifurca en dos posibles destinos: o explota en la faceta estadística como jugador puramente ofensivo, o aprende a defender. Lo interesante será ver cómo intenta alcanzar alguno (o los dos, quién sabe) de estos dos objetivos. ¿Se valorará la opción de sacarle de su zona de confort (la banda derecha) para hacerle mirar a la meta contraria y para obligarle a ser más completo? ¿Le veremos en la izquierda o incluso por dentro de forma inicial? El tiempo, el lugar y los entrenadores que vaya teniendo marcarán su trayectoria; la respuesta final sólo la tiene el propio João.

Artículo escrito para El Nueve y Medio

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