Prandelli lo dejó claro desde el primer día: “Quiero inculcarle al equipo sólo dos o tres ideas, pero muy claras. Mi idea se basa en el colectivo, en tener la posesión, pero sé que no siempre es posible”. O lo que es lo mismo, marcar a fuego la idea de lo básico. El problema principal de tener cuatro entrenadores en tan poco tiempo es no poder asentar conceptos. Terminas no jugando a nada. El batiburrillo de planes e ideas erróneas termina confundiendo y desesperando. Dicho lo cual, Cesare sabía perfectamente qué necesitaba todo este caos, al menos, en teoría: reiniciar y dar cuatro preceptos básicos. Una vez asentadas esas bases, ya llegará lo complejo. Pero ahora mismo, lo que necesitaba el equipo era hacer las cosas fáciles. Sólo lleva un partido, pero ha demostrado saber qué hacer. Más o menos como lo hacía Voro. La diferencia es que el italiano pretende hacerlo de forma permanente y no a modo de emergencia. Ir poco a poco y de menos a más, parece un buen plan.

Lo más urgente -y también lo más sencillo, paradójicamente-, era el tema de la defensa. El Valencia no puede seguir concediendo tres o cuatro ocasiones claras por partido. Para ello, Prandelli aplicó lo dicho en días anteriores en una de sus muchas entrevistas: juntar líneas. La cosa era que la defensa y el centro del campo no dejase maniobrar con comodidad al rival. Y lo cierto es que la mayoría del tiempo lo consiguió. El Valencia sufrió menos de lo normal a nivel individual porque, al juntar líneas, unos dependen de otros. El fallo de uno, puede ser subsanado por el compañero. La clave ahora es conseguir hacer esto unos metros más hacia adelante. El equipo che cedió la posesión del balón buscando explotar el espacio, lo cual permitió al Sporting empujarles con cierta facilidad hacia atrás. El gol en contra fue consecuencia de dos cosas, un fallo habitual y un ‘pero’ circunstancial: un centro lateral permitido (habitual) y un central (Santos) que perdió la marca por retrasarse más de lo debido (circunstancial). Si defiendes tan atrás, cualquier ocasión del rival va a ser clara. Cesare deberá avanzar.

Sin embargo, el tema ofensivo era el quid de la cuestión, más que la defensa. Mientras que ésta puede apañarse con un poco de orden y solidaridad, la parcela atacante requiere tener nombres que puedan hacer la jugada, dar el último pase o, en resumen, decidir cómo y cuándo toca. Algo de lo que carece el Valencia, más allá de excepciones. Para ello, el entrenador de Brescia debe compensar esa falta de contundencia con otra fórmula. Lo que se vio ante el Sporting puede resumirse en tres claves: el doble pivote, la posición de Parejo y João Cancelo como volante. Mario y Enzo fueron el eje del equipo, tanto para aguantar como para salir. Siempre alineados y alternando, habitualmente, un pase vertical hacia Parejo, situado esta vez en la mediapunta. Esto no sé si permite atacar mejor, pero sí más rápido, puesto que tu creador ya recibe el balón en zonas adelantadas y no hace falta que sea él quien la saque desde atrás. Entre él y Rodrigo deben mejorar (aunque ya lo hacen) de espaldas, en su labor de aguantar el esférico. Así darán tiempo al resto a llegar para ofrecerse. La gran duda aquí estriba en saber qué pasará cuando los rivales se den cuenta y no dejen recibir al de Coslada. ¿Debe ser Medrán una solución en el doble pivote?

Lo interesante de lo visto ayer en El Molinón es que la interpretación de dicha posición sí que fue bastante diferente de la que nos tenía acostumbrado. Además de ser un tercer apoyo para asentarse en campo rival y de llegar desde segunda línea, aportando una calidad que se puede medir en goles, Parejo ejerció como una referencia adelantada, casi siempre de espaldas a portería, sobre la que el primer Valencia de Prandelli pudo crecer con cierta continuidad.

La idea sobre el campo parecía clara: formando un doble pivote bastante -demasiado- paralelo, la principal labor de Mario Suárez y de Enzo Pérez venía a ser la de encontrar a Dani Parejo con un pase vertical. El 2+1 quedaba tan perfectamente dibujado que parecía trazado con escuadra y cartabón. Una vez Parejo podía recibir de espaldas, le llegaba el momento de decidir como si de un pívot atacando una zona se tratara. Su acción más habitual fue devolver el pase a Enzo o Mario, aunque diez metros más adelante, con las consiguientes ventajas. Pero en ocasiones también pudo conectar con José Luis Gayà por izquierda y con Joao Cancelo por derecha, lo cual solía desembocar en las jugadas de mayor peligro visitante.

Miguel Quintana sobre el rol de Parejo ante el Sporting (Ecos de Balón)

También hay otros modos de salir, especialmente con Cancelo. Su posición natural es la de volante. Tiene una suficiencia en conducción, una potencia y una arrancada que recuerdan a las del Gareth Bale extremo del Tottenham. Pero a diferencia del galés, el luso no es decisivo. Si llega a serlo, va a convertirse en un jugador muy, muy serio. Tanto, que se irá pronto a un equipo superior al Valencia. Será buena señal. Aquí necesitamos que João empiece a ser un futbolista de 60 o 70 millones de euros, aunque ello implique su salida a corto plazo. Ésa, hoy, es otra historia.

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