Si hay algo en lo que estamos más o menos de acuerdo, es en que Carlos Soler va a llegar. El valenciano tiene una indudable capacidad para establecerse como un buen mediocentro en Primera división. Todos los que le han visto con regularidad afirman es el jugador más evidente desde los Isco, Alcácer o Gayà. Pero para llegar a la élite no basta con tener buenas maneras, cabeza y suerte, porque además, es necesario saber adaptarte al nivel que exige la categoría yendo acorde a tus cualidades. Y en el caso del susodicho, el tema de la posición puede que le alargue el tiempo de espera. Ocurre que Soler, sin ser un jugador ni mucho menos defensivo, venía brillando como pivote, un puesto absolutamente clave en el fútbol de hoy. Pero Ayestarán no juega con un doble pivote, que es donde podría convencer, así que… ¿conocéis vosotros algún equipo que juegue con un 1-4-3-3 y el ancla sea eminentemente creativo (y que sea flojo en el aspecto defensivo)? Ahora mismo sólo se me viene a la cabeza el caso del NY City de inicios de temporada con Pirlo ahí. Y era desastroso, todo sea dicho.

Pako Ayestarán decidió poner al chico unos metros más adelantando, dándole otra función a la que venía teniendo en categorías inferiores. Y resultaba totalmente lógico: no teniendo las cualidades defensivas necesarias, era muy cabal la decisión de liberarle un poco de dichas responsabilidades en la posición de interior. Sin embargo, el Soler que conocíamos está obligado a cambiar para volver a gustar en este nuevo rol. Sus defectos (es decir, lo que necesita para rendir de interior) son aún demasiado grandes como para tener un puesto fijo en el primer equipo. Carlos es un buen surtidor de balones. Su buena diestra le permite buenos desplazamientos de media distancia -incluído el balón parado- y aceptable disparo desde fuera del área. El problema llega cuando, en esa posición de interior derecho, le toca recibir de espaldas. Un aspecto fundamental para esa posición es la capacidad de esconder y proteger el balón, así como de girar con cierta velocidad. Aún es demasiado lento en la reacción y demasiado inocente cuando no recibe de cara. Además, debe pulir su llegada y su técnica (conducción y regate, básicamente). Y digo pulir porque no es mala, pero debe mejorarla si quiere rendir ahí.

Hace no mucho me acerqué al Puchades a ver un Mestalla – Ebro que terminó 3-3 (le remontaron al Valencia un 3-0). Era el primer partido de Soler con el filial tras las dos convocatorias con el primer equipo. Efectivamente, ya no juega de pivote ni siquiera con el ‘B’. Han decidido que debe explotar ahí y yo estoy de acuerdo. No hizo su mejor partido. Su primera evolución debe consistir en adaptar sus virtudes y en moldear sus defectos para ser válido como -para empezar- sustituto de Parejo. El tiempo dirá a dónde puede llegar. Un Dani que, además, le puede servir de espejo en bastantes cosas. Esa capacidad para esconder la pelota y para aguantarla de espaldas es algo de lo que carece el joven Carlos; y a su vez, el exceso de su uso es el mayor defecto del de Coslada. En el término medio debe estar la virtud. Si lo logra, podemos estar ante un jugador de una dimensión más que aceptable. Pero aún queda un poco para comprobarlo.

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