El problema defensivo que arrastra el Valencia desde hace un año es el principal quebradero de cabeza de los que vemos sistemáticamente al equipo. Los argumentos más esgrimidos por la afición es que los centrales -salvo Mustafi- no sirven, no tienen nivel para devolver al club a la Champions. Pero lo cierto es que llegados a la élite, no hay futbolista que no sirva. El tema es cómo encajen las piezas -el futbolista, la idea pretendida y el contexto del equipo- entre sí. No todo es blanco o negro; siempre hay porqués. Dejando a un lado todo lo que ocurrió durante la temporada 15/16 (ya que se juntaron mil temas distintos y pocas cosas son extrapolables a hoy), la pretemporada ha dejado claros los puntos que debe machacar Ayestarán si quiere que su estilo termine empapando a la plantilla de la que hoy dispone. Sintetizando, hay tres caminos posibles: vender a un par de centrales para traer a gente afín al plan del entrenador, adaptar y moldear lo que tienes a lo que quieres o, por último, ser pragmático y adaptarte tú a lo que hay. Como intuyo que Ayestarán no va a renunciar a lo que cree, sólo caben las dos primera opciones.

Se ha podido ver esta pretemporada que la salida de balón en corto desde atrás es una obligación para el de Beasain. De ahí que, para empezar, prefiera el buen juego de pies de Mat Ryan por encima de los reflejos felinos de Diego Alves. Decisión difícil, pero que si nos atenemos al manual que pretende implantar, se entiende perfectamente. El problema gordo está unos metros por delante del portero. Se pretende salir jugando con centrales que no saben hacerlo. El único que puede salvarse en esa faceta, por ligereza, por técnica y por fluidez, es Rúben Vezo, quien tiene otros peros peores que sus compañeros de posición. Abdennour es el peor de los cuatro en este sentido. El tunecino es músculo puro, lo que conlleva demasiada rigidez. Se pone muy nervioso cuando tiene la pelota en sus pies y se equivoca con demasiada frecuencia. Además, cuando le toca correr hacia detrás, no sabe usar la diestra para retroceder hasta el guardameta y se fuerza a usar su pierna buena, lo que le hace retener la posesión demasiado tiempo.

Santos y Mustafi tampoco son dos sibaritas en estos registros, pero suelen complicarse mucho menos. El primero tiene unas condiciones físicas que pueden asemejarse a las de Aymen; algo más tosco y menos potente, pero sí más explosivo en distancias cortas y similares en el buen juego aéreo defensivo. Durante esta pretemporada se ha visto clara la consigna del luso: minimizar errores, riesgo mínimo. O lo que es lo mismo: haz lo que sabes, no más. Así ocurrió en el amistoso ante el NPFL All-Star que la pareja formada por Santos y Abdennour tuvo problemas para sacar limpia la pelota. Se han llegado a ver hasta tres formas de hacerlo: encargándose los centrales sin más, abriéndolos y dejándole el trabajo a Enzo (ya sea jugándola o conduciendo) o el esperanzador mecanismo que pudo verse en la segunda mitad ante los nigerianos. Si no puedes salir por el centro, inténtalo por las bandas. Los laterales avanzaban, Parejo/Soler/Medrán se abrían hasta ocupar su posición y por ahí hubo mucha más claridad. Lo que también es cierto es que los laterales del Valencia son perfectamente capaces de sacar el balón con cierta corrección, más habiendo llegado un banda made in La Masía, acostumbrado de base a estas lides.

Rúben Vezo tiene las condiciones perfectas para ser el central titular del Valencia, pero actualmente no tiene el nivel que se requiere. Blando y fallón en aspectos más básicos, tampoco ha tenido la continuidad necesaria para poder mejorar. A él, el sistema le acompaña más que al resto. Pako Ayestarán no protege en exceso a sus centrales, no se arropa en un bloque ordenado como sí puede ocurrir en un Atlético de Madrid. Les deja espacio y tiempo para pensar, cuando los centrales físicos necesitan de todo menos eso. En espacios reducidos podrían ser muros, pero así sólo son piedras en el camino. Así pasa que se suceden los errores, porque viven en una formación que ansía centrales de más calidad técnica, de mejor lectura, sin ser necesario tanto músculo. Así pues, supongo que Abdennour no sobrevivirá al filtro. Mustafi se marchará porque, bueno, es la vida. Santos puede que se quede e incluso puede terminar siendo titular, pero necesita alguien al lado que haga lo que él no puede. Y el jovenzuelo Vezo seguirá teniendo sitio, pero difícilmente será una pieza prioritaria si no es más seguro en todo lo que hace.

Un equipo se construye desde abajo. Hay porteros y laterales que se adaptan al molde del vasco. El centro del campo, sostenido en Enzo Pérez, funciona. Los extremos (sin haber visto a Nani aún) sólo tienen que dar un pasito más para funcionar del todo. A falta de un delantero autosuficiente, el/los mencionados centrales y alguna que otra pieza más que pueda complementar o incluso aumentar el nivel, todo lo que falta son conceptos colectivos que llegarán -espero- con el paso de las semanas y de la competición (a base de corregir errores).

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