André Gomes es un diamante, pero un diamante que brilla mucho más de lo que pesa. Tras dos temporadas y 78 partidos en el Valencia, ha conseguido marcar 8 goles y ha dado 8 asistencias. Tan paupérrimo como lo leen. Aun así, hay equipos grandes que pagarían una fortuna indecente de dinero por él. ¡De 60 millones hacia arriba! Dicho esto, otro pequeño dato: el tan criticado, vejado e insultado Piatti, en sus últimos 67 encuentros (dos temporadas) hizo 9 goles y dio 16 asistencias, pero la opción de compra del Espanyol es de 1’3 millones de euros. No termino de comprenderlo. ¿Dónde está la enorme diferencia insalvable que hay entre dos jugadores cuyo objetivo -general- es exactamente el mismo (generar goles)? Porque André ni siquiera afronta el papel de organizador. Si lo hiciese, entendería esta sinrazón, porque la oferta de organizadores de élite -como Parejo- es bajísima y su demanda muy elevada. Pero no. El luso es un interior izquierdo que conduce bien a campo abierto, la esconde con cierta elegancia y suele estar siempre bien orientado. Sin embargo, la diferencia de mercado entre ambos es de 58’7 millones de euros. ¿Es por la edad? Sólo se sacan 4 años.

¿Dónde está, entonces, la trampa? Mestalla dicta sentencia, para bien y para mal. Nos cuesta distinguir los grises entre tanto blanquinegro. Se menosprecia al jugador práctico, al que cumple sin artificios; pero se alaba alaba ciegamente al esteta de renombre, sin importar el contexto o la circunstancia. Es injusta esta vara de medir cuando jugadores como Barragán o el argentino vinieron aquí a cumplir -y no a ser estrellas- desde Almería y Valladolid. Insultarles, y no ver un poco más allá, es lo fácil, pero no por ello deja de ser hasta exasperante a veces. Y en relación a esto, hay un artículo en Café Mestalla que, creo, explica a la perfección este doble rasero elitista que tenemos en Valencia a la hora de tratar este asunto.

“(…) es más fácil exagerar las debilidades y defectos de los jugadores de nivel medio que juegan por méritos propios, que afearle la actitud y el nivel ofrecido a los teóricamente superiores. (…) cuando a un jugador, Mestalla le cuelga un sanbenito, es complicado quitárselo de encima. Sin embargo, lo más insultante hacia estos jugadores, y por añadidura, hacia los aficionados que han apreciado su contribución al conjunto che, es que se desprecie que hayan sido futbolistas profesionales: como si fuera un demérito en lugar de una cualidad. No me sorprende, pero me cabrea”.

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