El Valencia tiene una grave crisis de identidad desde que pasaran tiempos de bonanza, hace ya más de una década. El aficionado navega entre dos aguas: la de «somos un equipo grande, tenemos que estar peleando por la liga y Europa nos debe una» y la de «no somos comparables a los equipos más grandes, pero tenemos que estar como mínimo cuartos». A veces queremos fichar jugadores de 30 millones de euros y, a su vez, emular la fórmula del doblete cuando ambos estilos son frontalmente incompatibles, más hoy en día. Esta indefinición y los bruscos giros de timón que se han tomado (directiva, entrenadores, cantera) cada dos por tres en los últimos años nos ha dejado ampliamente por detrás de nuestros rivales directos. Pero no he venido hoy a comparar el proyecto del Valencia con el del Atlético de Madrid, Sevilla o Villarreal (porque sería bastante odioso), sino a hablar de fichajes. 

Hay un tipo de jugador que coincide con lo que quiere todo el mundo: tiene el perfil lo suficientemente bajo como para no acomodarse, pero tiene el caché necesario como para ilusionar a la mayoría de la afición. Hablo de Jorge Meré, Albentosa, Camacho, Kostić, Borja Bastón o lo que fue hace 1-2 años Nolito: el perfil medio, jugadores, en la mayoría de los casos, lo suficientemente experimentados y con el nivel necesario; pero a su vez con el margen de mejora suficiente como para obtener un rédito económico por ellos. Tenemos el grave problema de que la prensa nos habla de Amadou Diawara unas cuantas veces y, al mínimo auspicio de fracaso en las negociaciones, nos llevamos las manos a la cabeza porque nos van a quitar un jugador de 18 años que no hemos visto en la vida. Ojo, todo cabe, pero el grueso de la plantilla, el núcleo duro, debería estar formado por Merés, Camachos y Bastones. No rechazo fichar jovenzuelos que nadie conoce por 15 millones, pero asumiendo que el Valencia es un club vendedor (como lo son el 95% de los clubes del mundo), el rendimiento inmediato debe ser una prioridad junto al margen de mejora. 

Os ejemplifico lo que estoy tratando de explicar poniendo el foco sobre los dos jugadores de perfil alto que se han fichado en esta etapa: Negredo y Enzo Pérez, dos fracasos por distintos factores. Álvaro llegó con la premisa del rendimiento inmediato, pero con varios peros muy gordos: estuvo durante meses sin jugar, llegó lesionado y fue muy caro para andar rozando la treintena. No ha habido rendimiento en el campo y no vas a recuperar la inversión económica. En el caso de Enzo, ha sido llegar a Valencia y ser preso de las lesiones. Creo que la mayoría coincidiremos en que, cuando está bien, es un pilar competitivo muy potente. Los problemas: 5 lesiones que no le han permitido tener regularidad y otro desembolso muy alto (25 millones) para la edad del jugador. Otra cantidad que nunca recuperarás ya y, además, habrá que esperar un poco más para que dé el rendimiento que, se supone, debió dar desde el primer minuto. ¿Y ahora qué?

El Valencia ha hecho fichajes positivos (ya han demostrado nivel) de perfil medio en los últimos dos años: Ryan, Mustafi, Otamendi (lo era cuando vino) u Orban (este chico da para un artículo a parte); y fichajes de un perfil más bajo que, pese a no haber explotado aún, se antojan importantes para el futuro ya sea en el registro económico o deportivo: Cancelo, André Gomes y De Paul. Volver a caer en el traspaso ostentoso e innecesario me parecería un error. 

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