Creo que fue ayer cuando me desperté temblando…. Creo que fue ayer cuando me desperté temblando ante la posibilidad real de tu ausencia. No era la primera vez que me ocurría. Parecía tan real que… da igual. Supongo que la consecuencia de tenerte lejos es que a veces creo que no estás. Imagino que, últimamente, pienso más de la cuenta. Duermo poco, como mal y siempre te escribo tarde… Sé que no estamos atravesando una buena época, pero también sé que nunca nada ha sido suficiente para entonar la cruda sinfonía de un adiós definitivo. No sé si es por suerte o por desgracia, pero estamos destinados a entendernos. No sé… A veces siento que no te esfuerzas lo suficiente, que no das todo lo que podrías dar. Lo admito: ese tedio, esa apatía, esa desgana tuyas… me hacen ser injusto, impaciente, exagerado,… Sé que no debería gritarte tanto, sé que no es fácil ser quien eres y sé que no es fácil estar con alguien como yo.

Pero de esto ya éramos conscientes cuando nos nos juramos amor eterno, ¿recuerdas? Milán, París y Göteborg aún evocan, cada una a su manera, la virtud por la que todos nos han elogiado tantas veces, y es que siempre nos mantuvimos en pie bajo cualquier circunstancia.

Aún recuerdo cómo y dónde nos conocimos. Fue una tarde otoñal cualquiera, como la de hoy. Te observé desde lejos y, te lo prometo, fue uno de esos momentos en los que te das cuenta de todo el tiempo que has perdido. Todo lo que quería, todo lo que estuve buscando como loco durante años, se plantó frente a mí y me miró de tal forma que aún hoy tartamudeo y tardo en reaccionar… pero me encanta. Me dije a mí mismo que no te iba a dejar escapar. Ya perdí muchas de las cosas por las que hoy escribo y lloro (no necesariamente por ese orden) y me prometí que tú ibas a ser algo diferente. Ibas a ser la excepción que ponía punto y final a una adolescencia llena suspiros y resignación; de derrotas poéticas y de hostias que para nada me despertaron del letargo de mi estupidez crónica. Sólo en aquellas noches a tu lado supe la definición exacta de la vida. Sólo contigo supe qué era gritar de felicidad y llorar en un intervalo sorprendentemente corto de tiempo. Tú me enseñaste cómo sabe la esperanza transformada en un “lo conseguimos”. Sabes que no hay nada mejor que eso. Igual que sabes que no hay nada peor que estar a a punto de alcanzar el cielo y quedarte en las nubes. Tampoco hace tanto de aquello…

Nos hizo más fuertes. Es extraño, ¿no? Los momentos en los que parece que todo se derrumba tienen dos caminos posibles y nosotros elegimos el segundo, el de querernos más fuerte. Siempre que cae algo que quieres, el sentimiento de pertenencia crece. Ese abrazo colectivo alrededor de un fracaso no está hecho para las grandes carteras, sino para aquellos que poseen un enorme corazón común. Qué curioso, pues ahora nosotros también disponemos del vil metal para seguir adelante. Con ello crecen las posibilidades, pero también la exigencia para ser felices. “Elige una vida. Elige un empleo. Elige una carrera. Elige una familia…” y todo ese rollo de Trainspotting. Incluso quizás podamos comprarnos esa casa que llevamos tanto tiempo ansiando. Sé que nos costará adaptarnos, ya que estas cuatro paredes nos lo han dado todo. Pero no sé, quizá algún día volvamos a todo eso que nos mata, ese recuerdo incesante que planea sobre nuestras consciencias. Quizás algún día volvamos a gritar…

Montaje y postproducción: Nacho de Benito

Guión y locución: Álex Martínez

 Audio completo para El Matador Valencia aquí

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