La profesora repartió el último examen y el reloj empezó a gotear segundos incesantemente, cada uno más rápido que el anterior. Es extraño; parece que el tiempo nos observa desde lo alto de su torre mientras se ríe de las necesidades ajenas. El alumno leyó las dos hojas y empezó a dudar seriamente de poder hacerlo, puesto que creía no saberse las primeras cuestiones. La tensión sustituía al aire y fluía en aquella habitación. Pocas ventanas y mucha gente alrededor que no dejaba de escribir. Todos parecían tener claras las respuestas correctas, a diferencia de aquel chico, paralizado momentáneamente. Aumentaban los nervios y las gotas de sudor empapaban sus ideas. Iba contestando como podía, confiando en sus posibilidades. Hasta que, cuando sólo iba por la mitad, la profesora sentenció:«Quedan 15 minutos. Id acabando». Algunos de los alumnos más sobresalientes del año ya habían terminado hace rato y estaban fuera de clase esperando al resto. A sólo 10 minutos del final, aquel chaval de 20 años tuvo que elegir. «A, B, C o D», reflexionaba. Marcó la primera casilla con una decisión sorprendente, sin pensárselo dos veces. Acertó, aprobó y respiró“.

Personalidad, transiciones y una idea 

Fue una decisión impopular echar a Juan Antonio Pizzi. Sabía lo que era el Valencia y había conectado con la afición. Su 4-4-2, junto a un estilo eléctrico y entretenido convenció a Mestalla pese a la irregularidad y la no consecución de los objetivos. Todos éramos conscientes de que el menor culpable era él. Sin embargo, se fue (lo echaron). Nuno Espírito Santo llegaba con un bagaje de 2 años en el fútbol de primer nivel como entrenador de Rio Ave. Insuficiente para el aficionado de a pie, que lo poco que sabía sobre él es que vistió la camiseta del Dépor como jugador y venía por ‘imposición’ de Jorge Mendes. Todos sabíamos que los jugadores de Mendes iban a terminar viniendo, pero cambiar a un entrenador con el que había química, parecía demasiado arriesgado. En realidad lo era.

«La presión alta, la intensidad en la recuperación y el ataque rápido forman parte del ABC de Nuno. Su equipo se ha comportado como un polígono bien dibujado. “Para llegar a las victorias, tenemos que ser compactos y sólidos”. Son palabras del entrenador portugués. El Rio Ave toca bien, pero no se vuelve loco amasando el balón, le gusta el vértigo. Muerde, roba y despliega su ataque a mucha velocidad y en poquitos toques. Una de sus armas principales es precisamente el contragolpe»

César Izquierdo (Superdeporte, 21 de julio del 2014)

Nuno llegó y empezó a poner en práctica todas y cada una de las palabras del perfil de Izquierdo. Su esquema preferido ha sido el 4-3-3 con protagonismo de los volantes (Feghouli, De Paul, Rodrigo, Piatti), que necesariamente debían tener ida-y-vuelta. Su solidaridad defensiva muchas veces convertía la formación en un 4-1-4-1 basado siempre en el orden, en la intensidad y las transiciones. Y esta última palabra destacada por encima de las demás. Puede decirse que el Valencia de esta temporada ha sido uno de los que mejor transición defensiva ha tenido en La Liga. Pocos entrenadores han confiado tanto en sus dos centrales como Nuno en ese sentido.

Pero a lo que iba: las bandas. El entrenador luso siempre se ha mostrado partidario de usar las bandas como vía de ataque principal. Los laterales (algo más Gayà que Barragán) siempre con proyección ofensiva pero priorizando la defensa. Por si acaso, Javi Fuego al quite reduciendo posibilidades enemigas. Un Fuego que ha sido fundamental en las labores menos agradecidas y que ha sido un fijo para Nuno pese a la posterior llegada de Enzo Pérez (sé que no juegan en el mismo sitio, pero temía que acabara pasando). Un Enzo que no ha terminado de encontrar un rol definido, más allá de aportar un extra de intensidad en un centro del campo donde, tanto André Gomes como Parejo, se han encargado de crear y llegar al borde del área. El argentino puede ser una pieza fundamental en una temporada larga con Europa y quizás la pretemporada le venga bien para encontrarse.

A Nuno aún le falta reacción a la hora de solucionar los problemas (espera demasiado para hacer los cambios) y autocrítica de cara al público. Lo más seguro es que lo sea -como el que más- de puertas para adentro, pero la afición necesita ver que él también se da cuenta de los errores que va cometiendo. También le sobran experimentos y le falta darse cuenta de dónde rinde realmente un jugador (por ejemplo, De Paul o André Gomes quienes más de una vez han jugado en posiciones contraproducentes). Por la parte positiva, ha demostrado flexibilidad en las alineaciones (4-3-3, 3-5-2, 4-1-4-1, 4-4-2…) y lo más importante: ha inculcado una idea en su plantilla y ha dotado al Valencia de una personalidad que había perdido. Saber a lo que juegas es media vida en esto del fútbol.

Los cuatro pilares de la competitividad

Si por algo se ha caracterizado el primer año de Nuno Espírito Santo en el banquillo del Valencia, es por la tremenda competitividad del bloque. Pero si algo les ha sostenido esta temporada, han sido los cuatro pilares defensivos en los que se ha apoyado la idea básica: Diego Alves, Mustafi, Otamendi y Javi Fuego. Sobre ellos ha recaído la responsabilidad anímica del equipo. Si no existía salida de balón, si las ocasiones tardaban en generarse, si la desesperación empezaba a adueñarse de los empleados del gol… dio igual. Ellos siempre rozaron el sobresaliente en cada situación límite y evitaron que el castillo de naipes se viniera abajo.

«Para alcanzar un objetivo tan ambicioso como la cuarta posición -rozando el podio- se ha de valorar la constancia por encima de los picos de forma o los tramos de mayor inspiración. En lo relativo al juego, los valencianistas seguramente no lo fueron; sin embargo sí lo demostraron a la hora de entender la competición. Nuno se sirvió de enormes competidores, creó una base sólida de titulares y complementos, los dotó de sostén táctico y, sobre todo, cambió la mentalidad del Valencia. Únicamente dejaron de competir en Riazor. En una de 37 jornadas.

(…) Volvieron a asimilar que la oportunidad siempre aparece si la concentración perdura, a pesar de recibir uno o dos golpes. Al Valencia, construido fundamentalmente desde atrás, nunca se le ha visto cara de circunstancias. En el discurso del técnico, así como el origen de su definición como grupo, residió en su particular rombo, que no fue el de mediocampo, sino el compuesto por Alves, Mustafi, Otamendi y Javi Fuego».

Alejandro Arroyo (Ecos del Balón, 24 de mayo del 2015) 

Muchos hemos tenido esos días en los que, empujados por la desesperanza que arrecia a este mundo nuestro, todo se vuelve negro y eres incapaz de recordar cuál era la razón que te permitió levantarte de la cama a las 08:00 de la mañana. Hasta que te encuentras con esa persona que, sin quererlo, te reconcilia con la humanidad y te hace querer ser mejor persona, como bien le dijo Melvin Udall (Jack Nicholson) a Carol Connelly (Helen Hunt) en una de las escenas de ‘Mejor… imposible’. Muchas veces, ese rombo del que habla Arroyo en su artículo ha sido el recordatorio necesario para volver a levantarse. («Señores, despierten, que seguimos vivos»). Ese particular rombo del que habla Arroyo es la base para entender el estilo y la personalidad que ha impuesto Nuno.

«La mayor virtud de este conjunto ha sido mantenerse de pie bajo cualquier circunstancia»

Ser presente desde el primer minuto

La venta de Juan Bernat al Bayern de Múnich me supuso una decepción bastante notable en lo personal. Sabes que todos los jugadores se marcharán (quieres creer que no), pero en ocasiones no esperas que den el salto tan pronto como lo hizo él. «Nunca te enamores de los jugadores. Todos se van algún día», que suele repetir Pedro Morata (Cadena SER). Fue una decepción porque esperaba que el siguiente fuese el año en el que explotase definitivamente. Y esperaba con que fuese el carril izquierdo de Mestalla quien lo disfrutara. Obcecados por la noticia de otra venta, pocos vimos que la puerta que se había cerrado había abierto un ventana; y nadie se imaginó lo que había al otro lado. 

La irrupción y ascensión de José Luis Gayà ha sido contrapuesta a su gestión ofensiva: sin pensar ni un segundo. Pocos se dieron cuenta de cuándo se paró a evolucionar, a madurar su juego y su inteligencia, a volverse uno de los mejores laterales de Europa en una sola temporada en la élite. Pocos se dieron cuenta porque no le ha hecho falta periodo de adaptación al máximo nivel. Es uno de esos talentos que parece que tengan la madurez como una característica innata. Tiene 20 años y no ha cometido un solo error grave en su primera temporada completa (como titular indiscutible) en primera división, además de leer el juego como pocos. A Gayà no se le puede decir que es el futuro, porque nunca llegó a serlo. Es el mejor ejemplo de lo que significa ser presente desde el primer minuto.

Dividir por partes a los diferentes sectores clave de un mismo equipo, a veces, puede ser algo injusto. Otamendi y Mustafi estarán de acuerdo cuando no incluyo al de Pedreguer en ‘las claves de la competitividad‘. Destacan sus habilidades defensivas porque es muy complicado encontrar un lateral de carácter ofensivo que defienda con tanta solvencia. Aprovechando su velocidad y lectura, Gayà ha realizado excelentes coberturas a la espalda de sus centrales. A parte de esto, apenas se recuerdan partidos en los que haya sufrido más de la cuenta. Sólo Carlos Vela en la primera vuelta le superó.

Pero es que no sólo es esto. Es un chico que ha siempre ha rendido de lateral, pero que también desatascó el partido ante el Real Madrid (2-1) jugando como carrilero y aprovechando su gran capacidad de conducción. Además, sus 6 asistencias y siempre perfectos centros con el interior han demostrado que es un gran activo para el ataque. Es muy difícil destacar un partido por encima del resto (a parte del ya mencionado), puesto que no ha habido encuentro malo de Gayà en el Valencia hasta el día de hoy. Una putada (perdonen la expresión) para la buena temporada de Barragán, quien muchas veces se ha visto ensombrecido por la excelencia de su homólogo zurdo. Quitémonos los prejuicios de encima y empezaremos a valorarle, ya que como mínimo, está en la media del resto de la plantilla. Ahora además, ya tiene competidor fijo para los próximos años: João Cancelo.

«El gol es la mayor mentira del fútbol»

No sé si la frase es cierta o no, sólo sé que una persona me la dijo un día y lo primero que le contesté fue: “Vaya gilipollez”. Pero el caso es que, pasado el tiempo, volví a recordarla en según qué casos y puede llegar a tener razón. Muchas veces, el gol es el merecido resultado de un trabajo previo que te da la posibilidad sumar puntos. Porque el fútbol, en su expresión más simple, son resultados; es meter un gol más que tu rival. Luego llegaron Guardiola, Jémez, Wenger y compañía (como ejemplos más reciente) para decirnos que no, que la forma está por encima del pragmatismo. Muchos se obsesionaron entonces con tener la posesión por encima de todo, aunque ello fuese nocivo según el contexto. Entonces qué, ¿forma o fondo? Os lo pregunto porque yo lo tengo claro. Yo he disfrutado con algunos tramos del Real Madrid de Mourinho, con el Crystal Palace de Toni Pulis y con el Bayern de Heynckes, tanto como con el Barcelona del ‘sextete’, con este Arsenal de Alexis y compañía, o con la primera temporada del Everton de Roberto Martínez.

El Valencia de Nuno ha priorizado el fondo por encima de lo demás. De la forma ya se ha encargado André Gomes. Si no lo hubiera hecho, seguramente no habría terminado en 4ª posición. El entrenador luso se ha encargado de darle a la plantilla una estructura ultracompetitiva que ha compensado la falta de gol de sus atacantes. Si los de arriba no marcaban, los de atrás salvaban el percal. Pero que esto no nos tape la realidad: si el Valencia es el cuarto equipo más goleador de La Liga, ha sido gracias a un Parejo irreconocible. Fue un poco como el caso de aquel Ramsey de la 13/14: le dejaron acercarse al área, le dieron libertad e hizo 16 goles-10 asistencias en 34 partido. Su mejor temporada de largo. Como la del de Coslada.

Los 12 goles del capitán han sido una bendición para Negredo (6 goles, 34 partidos), Rodrigo (4 goles, 32 partidos) y André Gomes (4 goles, 1 asistencias, 37 partidos), de quienes se espera que aporten muchísimo más al juego, pero sobre todo a las cifras. En primer lugar, el ex delantero del Manchester City llegó lesionado, pero cuando se recuperó nunca llegó a hacer más de tres o cuatro partidos buenos (por ejemplo, ante el Barcelona). Ni ha sido un incordio de espaldas para las defensas, ni por arriba, ni recibiendo de cara (tampoco es su fuerte; igual que los desmarques). Es un punta más autosuficiente que Alcácer, pero que necesita ponerse en forma. Así lo demostró también ante Columbus Crew en el último partido (no-oficial) de la campaña. En segundo lugar, el hispano-brasileño. Su actitud ha sido deficiente (las dos expulsiones); su aportación mínima. Se esperaba de él que aportase valentía, desborde, frescura; que desatascara partidos y que marcara goles (10-15 es lo suyo). Ni unas cosas, ni otras. Ha sido individualista e inmaduro. Posiblemente, Rodrigo haya sido el fichaje más decepcionante del Valencia esta temporada. Con él enchufado, los chés habrían alcanzado la 3ª plaza casi sin duda. Aunque tampoco se puede analizar con tanta simpleza.

El tercer caso merece un párrafo a parte. André Gomes no ha sido una decepción, eso cabe dejarlo claro. Es un chico que llegó con la apariencia de ser mediocentro y ha resultado ser un interior ofensivo con habilidades de mediapunta. Su mejor posición es esa: como tercer escalón del centro del campo con Parejo y Fuego detrás. En buena forma y asistido, se ha ganado comparaciones con Isco o Zidane por la clase que atesora. Un jugador de torso rígido y piernas sueltas. El joven ex benfiquista es capaz de girar equipos él solo con un movimiento o con una recepción en ventaja. Conduce y tiene mucha habilidad para generar ocasiones cuando tiene campo por delante. Un futuro genio al que le fallan las estadísticas. Un jugador en su posición no puede dar sólo una asistencia en toda la competición. Igual que no puede jugar escorado en banda izquierda, Nuno.

Y el niño apuntó al cielo

“El árbitro pitó el inicio del partido y y el reloj empezó a gotear segundos incesantemente, cada uno más rápido que el anterior. Es extraño; parece que el tiempo nos observa desde lo alto de su torre mientras se ríe de las necesidades ajenas. El equipo se jugaba la cuarta plaza contra un Almería que ni siquiera dependía de sí mismo para salvarse. Todo se torcía con el gol de Thomas en el primer tramo de partido. Los fantasmas del pasado empezaban a a acosar al Valencia. La tensión sustituía al aire y fluía en aquel campo de fútbol. Mientras tanto, los aficionados pegados a la radio, pendientes de qué hacían los rivales directos. Tarde o temprano, el Sevilla terminaría sentenciando a un Málaga que ha pecado de falta de actitud en estas últimas jornadas. Aumentaban los nervios y las gotas de sudor cada vez pesaban más. Los de Nuno iban avanzando líneas como podían. Otamendi, Soriano y Feghouli ponían el empate a dos. No valía para ir a Champions. Cada minuto menos era un golpe a la ilusión de la grada. Los de Emery, 0-3 a los 62′. Sólo quedaba esperar. Todo parecía perdido hasta que, a falta de 10 minutos, un chaval de 20 años tuvo el gol más importante de su corta carrera. A, B, C o D eran las opciones. Cogió su oportunidad, no pensó, no dudó. Acertó, marcó, señaló al cielo y todos gritamos“.

Narración de Esports 97
http://www.ivoox.com/gool-alcacer-alm-2-val-3_md_4539076_wp_1.mp3″ Ir a descargar

Narración de VCF Radio
http://www.ivoox.com/23-05-2015-el-partit-del-vcf-almeria-vcf_md_4539069_wp_1.mp3″ Ir a descargar

Narración de Minuto y Marcador
http://www.ivoox.com/minuto-marcador-gol-paco-alcacer_md_4545635_wp_1.mp3″ Ir a descargar

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